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¿Cómo vender sin ser guapo, ni alto?

Te voy a contar un ángulo para vender que lo mismo da que seas guapo, hables bien o no te guste vender.

 

Listo, acá va.

 

Hace algún tiempo vendía trajes hechos a la medida.

 

Ahí aprendí mucho sobre ventas y persuasión.

 

Específicamente gracias a quien fue mi primer jefe… un tipo alto, güero, con barba cerrada y una camioneta de lujo, llamado Alan.

 

Él vendía porque todos querían parecérsele, pero yo no tenía esa opción, porque:

 

Ni tan alto.

 

Ni güero.

 

Ni me cierra la barba.

 

Y encima de todo, manejaba un Ka al que le salía humo cada cuarenta y dos minutos.

 

Así que un día le expuse esto de manera muy inmadura:

 

«Alan, tú la tienes fácil porque todos quieren ser como tú.

 

Así cualquiera».

 

A lo que me respondió:

 

«Yo le saco provecho a lo que soy.

 

Tú sácale provecho a lo que tú eres».

 

Palabras más, palabras menos, palabras diferentes.

 

Esto me quedó muy marcado porque en esencia me estaba diciendo que dejara de compararme y encontrara mi ángulo.

 

Y al final lo encontré:

 

Llegué a dominar los nombres de telas, curiosidades, saberes del buen vestir y la toma de medidas mejor que ningún otro vendedor.

 

A los clientes les gustaba que los atendiera yo porque aprendían y lo pasaban bien, no porque quisieran parecerse a mí.

 

Y quien entiende esto, entiende el poder de la voz propia y la debilidad de la comparación.

 

Lo que es una verdad indiscutible es que tanto Alan como yo, escuchábamos antes de abrir la boca.

 

Escuchar no es exclusivo ni de guapos, ni de sabelotodos.

 

Es de quien entiende, realmente, que el mejor ángulo para vender te lo da el cliente.

 

Buenos tiempos aquellos…

Lo más reciente…

No pasa nada.

Mira, me sucede algo curioso con los europeos.
 
De hecho, para contarte esto, necesito contarte antes algo más.
 
Durante mi vida me ha sucedido en tres ocasiones ya, que mujeres de las que me he enamorado se han terminado enamorando de un italiano.

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